Algunas palabras viajan de boca en boca, de libro en libro, se popularizan y reinan por unos años, representando el sentir y los intereses de cada momento. Cada tiempo tiene sus palabras.

Con el auge actual del desarrollo personal y la espiritualidad, una de las palabras que ha hecho fortuna en los últimos años es la palabra consciencia. Se utilizan habitualmente expresiones como llevar una vida consciente, expandir la consciencia, el despertar de la consciencia, comer con consciencia, maternidad consciente, la consciencia cósmica… pero ¿qué significa esta palabra?

A menudo cuando una palabra se populariza se convierte en polisémica, es decir, se utiliza en varias acepciones y con diferentes significados. A veces, estos significados se pueden confundir o mezclar y esto revierte en una falta de claridad y comprensión en cada uno de sus usos. 

Explicar los diferentes significados de la palabra consciencia pondrá claridad a la confusión que hay alrededor de ella y a la imprecisión con la que muchas veces es utilizada:

1 – El sentido moral que permite distinguir lo que está bien de lo que está mal. Cuando éramos niños y nuestros papás nos decían ¡ten conciencia!, estaban apelando a nuestro sentido moral recién desarrollado para que nos portáramos bien y a nuestra capacidad de reflexionar sobre ello. En este sentido hablamos por ejemplo de tener buena conciencia o de tener cargo de conciencia.

2 – La capacidad de darnos cuenta de algo que está ocurriendo en el momento presente, de conocer algo de forma inmediata. Ahora mismo, yo soy consciente de la sensación de frío en mis pies, soy consciente de mi intento de buscar las palabras correctas para escribir este artículo y soy consciente del ruido de un camión pasando por la calle. Mi gato también se ha dado cuenta del camión… entonces… ¿por qué decimos que los animales no tienen consciencia? Pues claro que la tienen. De no ser así, mi gato chocaría contra la pared en cuanto se pusiera a andar. Pero la esquiva porque es consciente de ella. 

3 – El conocimiento reflexivo y claro acerca de la realidadLa diferencia entre esta acepción y la segunda está en que en este caso nos referimos a un conocimiento reflexivo, elaborado y no inmediato. Utilizamos esta acepción de la palabra cuando decimos por ejemplo esta persona no tiene consciencia ecológica.

4 – La capacidad de darnos cuenta de que nos damos cuenta. De manera más precisa podemos llamar autoconsciencia a esta capacidad. Aunque cada vez está menos claro, hasta hace poco había un consenso en creer que los animales no tienen  autoconsciencia. Es decir, los animales no son conscientes de que son conscientes. Y también es por esto que no tienen el sentido del yo. Los humanos sí tenemos autoconsciencia. Nos damos cuenta de nosotros mismos y de nuestro pensamiento. Esto es lo que diferencia a una persona de un gato. Con la autoconsciencia aparecen el yo, el mi y el me, es decir, el sentido de autoría de aquello que hago, siento y pienso. Cuando aparece la autoconsciencia los eventos no ocurren sino que me ocurren. 

5 – Aquello que ordena la energía y la información en todo el universo. En el modelo no dualista, consciencia es aquello en lo que toda experiencia aparece, aquello con lo que se conoce cualquier experiencia y aquello de lo que toda experiencia está hecha. En este sentido la consciencia no es una propiedad de la mente. La consciencia no está en nosotros, sino que nosotros estamos en ella. En esta acepción la consciencia es un principio organizador de la energía y la información y a su vez la propia energía e información.

La práctica meditativa trabaja con los significados 2, 4 y 5 de la palabra.
Por un lado nos permite sentir de forma directa a la realidad sin la obstrucción de la mente reflexiva-analítica y esto nos aporta paz (significado núm. 2). 
Por otro lado nos permite conocer nuestro propio pensamiento y esto nos aporta autoconocimiento (significado núm. 4).
Y también nos permite sentir que formamos parte de un todo más grande que nosotros mismos (significado núm. 5).