Cuando alguien nos pregunta “¿Cómo te va la vida?”  normalmente contestamos “Bien”. Muchas veces esta respuesta no es un formalismo automático, lo sentimos realmente así. Vivimos en la cotidianidad ocupados en resolver los problemas inmediatos que van apareciendo y todo va más o menos bien. Queremos mejorar algunas cosas de nuestra vida y, mientras lo hacemos, vamos tirando.

Ahora imagina que en vez de preguntarnos sobre cómo nos va la vida, nos preguntan “¿Cómo va tu relación contigo mism@?”  Puede que la respuesta no sea la misma. Puede que en nuestro interior haya estrés, ansiedad, o vacío, o una tristeza de fondo, o exceso de pensamiento, o muchas dudas, o falta de energía, o adicción al móvil, o caos emocional, o falta de auto-estima.

Vivimos en dos mundos al mismo tiempo. Uno exterior y otro interior. Normalmente estamos muy ocupados en el mundo exterior y descuidamos la gestión de nuestro mundo interior, aquello que sucede de la piel hacia adentro.

Los seres humanos tenemos la capacidad de formularnos preguntas sobre nosotros mismos. A esta capacidad de observarnos que nos permite hacernos preguntas la llamamos autoconsciencia. Y las respuestas que nos damos definen lo que somos y lo que hacemos:
“¿Vivo en equilibrio y en plenitud?”, “¿Siento que estoy en el centro de mi vida?, ¿Vivo en paz conmigo mism@?”

A menudo nos conformamos con lo que hay. Igual que a un bebé le basta con la leche para alimentarse y con ella sobrevive, a veces a los adultos nos pasa lo mismo. Tenemos lo necesario para sobrevivir, tenemos la leche y con ella nos resignamos. Aunque vivamos con ansiedad, insatisfacción vital o autodesprecio, vamos tirando. Con no enloquecer nos basta. Tenemos la leche. Pero en algún lugar de nuestro interior también existe la miel.

La intuición funciona como una brújula interior que nos indica el camino hacia nuestra plenitud. Es como un sabio interno que sabe lo que nos conviene. A veces no la escuchamos y luego nos arrepentimos: “Si hubiera hecho caso a mi intuición…”. A menudo se manifiesta como un anhelo, un descontento que intentamos acallar comprando objetos, comiendo, trabajando mucho, consultando el móvil sin parar, pegándonos a la actualidad… pero el runrún interno no cesa. Nuestra intuición nos dice: “Hay un centro en tu interior al que te puedes conectar y vivir desde él. La meditación nos lleva a este centro, a la miel. Podemos gestionar el estrés, el pensamiento y la emoción y volver a nosotros mismos para sentirnos completos y libres. Podemos firmar la paz con nosotros mismos.

Podemos vivir solo con la leche, por supuesto, pero también existe la miel y no está en algún sitio lejano sino en uno mismo. La meditación es la práctica que nos lleva a la miel, a nuestra esencia. Es un camino de vuelta a casa. Es recuperar la relación de amor con nosotros mismos, estar en paz.  Es un camino hacia lo más esencial, hacia el núcleo de uno mismo. Cómo dijo Pablo Neruda: “caer de la piel al alma”. Cuando recuperamos la relación natural con nosotros mismos, podemos abordar nuestra vida y las relaciones personales con nuevos ojos.

No se llega a la miel de forma inmediata, requiere práctica. Quién te ofrezca resultados inmediatos te está vendiendo falsas promesas, apelando a tu parte infantilizada. Todos tenemos una parte infantil que busca resultados fáciles y que grita: “¡Lo quiero ahora!”. Esta parte cree en cualquier promesa milagrosa. La realidad es que para recuperar la paz, el equilibrio y la autoestima es necesario recorrer un camino. La meditación requiere ser practicada.

Cuando empiezas a tocar un instrumento al principio cuesta un poco. Pero cuanto más tocas más lo disfrutas. La meditación funciona igual. Es un camino muy bonito, quizás el camino que vale más la pena andar: el camino hacia un@ mism@, hacia la propia libertad y la paz interior.
La práctica meditativa es la forma de desarrollo humano más antigua de la humanidad, se ha mantenido viva desde tiempos inmemoriales, generación tras generación, ininterrumpidamente ayudando miles y miles de personas que se han formulado las mismas preguntas sobre su vida: ¿Me conformo con la leche o quiero iniciar un camino hacia la miel?