Estimar:      
1-Calcular o determinar el valor o precio de algo

2-Atribuir un valor a algo. 

3-Sentir afecto o aprecio hacia alguien

Cuando hablamos de autoestima acostumbramos a tomar la primera y la segunda acepción de la palabra. Estas dos acepciones están condicionadas a un valor. Nos queremos a nosotros mismos por algo. La tercera acepción es incondicionada. Sentimos afecto o aprecio hacia nosotros mismos sin condicionarlo a nada.

¿Cómo preferimos que los demás nos quieran? Quizás por lo que hacemos, por nuestros logros, por nuestros conocimientos, por nuestra originalidad… o quizás por nada de todo esto, quizás gratuitamente, por el mero hecho de existir. Y ¿Cómo nos queremos a nosotros mismos?

Cuando meditamos recorremos un camino que va desde la resistencia hasta el amor y cuyas estaciones intermedias son la tolerancia y la aceptación. El amor a uno mismo es la última etapa.

¿Qué es lo más valioso que le podemos dar a alguien a quien queremos? Sin duda es nuestra presencia, estar presentes y disponibles para esa persona. Ocurre lo mismo en la relación amorosa con nosotros mismos. Cuando estamos presentes para nuestra experiencia interior en vez de intentar cambiarla, manipularla o reprimirla, entonces estamos con una actitud amorosa y sanadora. Aunque lo que experimentemos sea desagradable, aunque sea dolor, tristeza o ansiedad, forma parte de nosotros en este momento y en la medida que está en nosotros podemos decirle “estoy aquí por ti”. Esto no significa resignarse ni tener una posición estoica, significa relacionarnos de manera saludable con lo que ya está aquí. Relacionarnos de manera saludable con el presente.

No debemos confundir tampoco la autoestima con apegarnos a la descripción que nos hacemos de nosotros mismos, ni con sentirnos bien porque los demás aplauden aquella imagen que les ofrecemos y que nos gusta que aplaudan. Tampoco es autoestima justificar aquella parte de nosotros que hace daño a los demás o a nosotros mismos. Estamos hablando apreciar la experiencia que aparece en el momento presente en mí. Estamos hablando de apreciar lo que hay en este preciso momento en mí.

La energía amorosa es algo natural y siempre disponible. Es una energía que puede envolver cualquier otra energía. Es la energía presente cuando acogemos a un bebé en brazos. Aunque un bebé esté gritando o llorando, lo acogemos siempre con la misma actitud amorosa. No necesitamos entrenamiento ni hacer ningún curso para que aparezca esta energía amorosa y protectora cuando cogemos un bebé en brazos. Se manifiesta espontáneamente. Curiosamente en la relación que establecemos con nosotros mismos nos cuesta conectarnos a la autoestima.

La autoestima que está condicionada a conseguir logros o méritos (la que puede subir o bajar según las circunstancias externas y lo que me devuelven los otros sobre mí mismo) nos hace sentir bien. Y sentirse bien…está bien. Pero también hay otra autoestima que no puede aumentar ni disminuir, que es incondicional y constante.

El neurobiólogo Jaak Panksepp ha dedicado toda su carrera profesional a la investigación científica de las emociones. Ha descubierto y descrito 7 circuitos neuronales específicos para las disposiciones emocionales. Nacemos con estos circuitos igual que nacemos con un corazón y dos pulmones. Estas disposiciones emocionales no se adquieren por transmisión cultural o social, son innatas. Uno de estos 7 circuitos es el del cuidado, la ternura y la empatía. Está demostrado científicamente que todos disponemos de esta energía amorosa de forma natural, aunque a menudo no la sentimos o no la manifestamos. A veces vivimos en el autodesprecio, la culpa, la victimización y el autocastigo. Con las prácticas de atención plena podemos recuperar la energía tierna y acogedora y utilizarla para envolver con ella cualquier experiencia que estemos teniendo. Aunque haya rabia o tristeza podemos envolverlas con el cálido manto de la ternura y el amor. Esto significa reconocer lo que hay en mí, respetarlo y acogerlo amorosamente. Poco a poco, vamos desarrollando la autoestima en la práctica meditativa.

Mientras hacemos planes para mejorar nuestra vida y los llevamos a cabo, tenemos que relacionarnos con la experiencia presente de alguna manera. ¿Queremos relacionarnos con nosotros mismos desde la suavidad y el amor o desde la dureza y la violencia interior? La primera actitud nos fortalece, la segunda nos debilita.

Reconoceremos la actitud amorosa en nosotros porqué es cálida, suave y envolvente. Puede envolver cualquier cosa. Cuando meditamos nos conectamos con este manto que envuelve aquello que somos en el momento presente creando una relación de cálida intimidad con nosotros mismos. No amamos lo que quisiéramos que fuera, amamos lo que es.

Marc Ribé
Psicólogo humanista