(Extracto del libro: Navegar las tres esferas. Marc Ribé)
La primera verdad que puedes decir sobre ti mismo, la más simple e indiscutible es que eres un animal. ¿Te suena raro?, ¿por qué? Eres un animal, concretamente un vertebrado, mamífero, del orden de los primates, de la familia de los homínidos, del género Homo y de la especie sapiens.
Los humanos tenemos una extraña relación con nuestra identidad. No nos sentimos del todo cómodos con lo que somos, lo cual es un mal punto de partida si queremos vincularnos de manera saludable y honesta con la vida.
Tenemos la percepción errónea de que la naturaleza nos pertenece, pero la realidad es que nosotros le pertenecemos a ella. Somos sus hijos y no sus padres. La naturaleza existía mucho antes de que los sapiens pobláramos el mundo y seguirá existiendo cuando nos hayamos extinguido.
Si redujéramos toda la historia del planeta Tierra a doce horas, los seres humanos aparecimos a las 11 horas, 59 minutos y 57 segundos. Hace tan solo tres segunditos que rondamos por aquí. Además, casi la totalidad de nuestro tiempo en la tierra hemos vivido completamente inmersos en la naturaleza. Evolucionamos como especie de manera conjunta con el resto de los seres vivos, siendo parte de la misma red de vida. Estamos biológicamente diseñados para ser salvajes. Si trasladamos la escala de doce horas al tiempo total que los homínidos llevamos poblando la tierra, nos volvimos civilizados a las 11horas, 59 minutos y 20 segundos. En tan poco tiempo no se han podido producir las mutaciones genéticas adecuadas para adaptarnos al mundo civilizado. Tenemos un cuerpo que aún vive en el paleolítico. Hay un latido que nos recuerda lo que realmente somos, nuestro origen; echamos en falta el hogar donde vivimos durante tantos milenios, la naturaleza salvaje. Por esto nos gusta el olor a tierra mojada, por esto nos fascinan los espacios abiertos como el mar o el cielo y por esto nos cautivan las puestas de sol; nos recuerdan nuestro verdadero hogar. La evolución no nos ha diseñado para estar encerrados dentro de un coche esperando a que el semáforo se ponga en verde -lo confieso, tengo coche y me paro en los semáforos-. Estamos hechos para correr en libertad por las montañas.
Todos los seres vivos son salvajes, excepto los humanos y aquellas especies que hemos logrado domesticar. Para poner en perspectiva nuestra importancia, piensa que en el planeta Tierra hay 20 cuatrillones de hormigas, es decir, 20.000.000.000.000.000.000.000.000 hormiguitas. Todas ellas son salvajes, siguen la ley natural y no las leyes humanas ¡y les va muy bien! La vida salvaje funciona de maravilla sin nuestra intervención.
Bienvenido a la esfera vida, a la que también podemos llamar esfera de la naturaleza, esfera salvaje o segunda esfera.
En el proceso de convertirnos en civilizados hemos ganado algunas cosas y hemos perdido otras tantas. La intuición, la libertad, la mente silenciada, la tribu de verdadera pertenencia o la conexión con el presente son algunas de las cualidades salvajes que hemos perdido o han quedado muy menguadas. Quizás te preguntes: ¿es posible recuperar la sabiduría salvaje que los seres humanos atesoramos durante miles de años? La respuesta es sí. ¿Para hacerlo tenemos que volver a las cavernas? La respuesta es no. Entonces, la pregunta correcta sería: ¿podemos recuperar la sabiduría salvaje sin dejar de ser civilizados? Sí. Te propongo conservar lo mejor de lo civilizado y recuperar lo mejor de lo salvaje. ¿Suena bien?
