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BeFlow, mover lo que es

La actitud que vincula íntimamente a las personas con el mundo no es la voluntad férrea sino un simple disponerse a la realidad, abrirse, estar ahí, nada más y nada menos. Estar ahí es el manantial a partir del cual surge la corriente que nos lleva al mundo. La escucha receptiva es previa a la acción. La disponibilidad es anterior al voluntarismo.

Estar ahí con lo que nace, dejarse afectar, este es el inicio, estar ahí. Estar en la novedad de cada instante. Entonces, en esta actitud de apertura, algo nos llama. Algo que aparece en nosotros pero que no es fruto de la elaboración mental. Algo que surge del silencio, como una planta que brota de la tierra. Algo aparece en mi pero no es “mi” ya que “mi” implica propiedad y ese algo no puede ser apropiado. Sí puede ser experimentado, recibido y acogido. Ese algo es la verdad. Y la verdad no puede ser llevada a un diálogo interno argumentativo y negociador. A su trono no llega el ruido de las palabras.

La verdad es belleza que resplandece por sí misma, no le hace falta ninguna confirmación externa para ser. En ella hay entendimiento y certeza pero esta certeza no está hecha de un relato verbal.

Vivir desde esa verdad que se revela en nosotros es la autorrealización del ser humano. Una verdad que no es “una” sino un continuo nacer de lo real, un flujo que se va manifiestando. Este es el camino a recorrer. La primera, autétnica y fértil apertura a ser en el mundo.  Vivir desde esa verdad impulsa y permite la palabra, la acción, la elección, el esfuerzo y la realización. Pero previo a todo esto hay un estar dispuesto para recibirla, un abrirnos desde el silencio a su manifestación en y a través nuestro. Y después viene todo lo demás. Saltarse el primer paso, no escuchar lo que emerge, nos mantiene perdidos, dando palos de ciego dentro del laberinto mental, sin energía ni fuerza vital.

Marc Ribé