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Cómo Meditar IV. Ecuanimidad

Junto con la concentración y la observación, la ecuanimidad es la tercera habilidad que desarrollamos durante la meditación.
Somos ecuánimes cuando no intentamos resistir, manipular, controlar o retener la experiencia interior del momento presente. Ser ecuánime es permitir que la experiencia sea la que es sin intentar retenerla ni tampoco rechazarla. A menudo se confunde la ecuanimidad con la insensibilidad. Pero precisamente cuando somos ecuánimes sentimos más plenamente. El hecho de no rechazar nada ni tampoco agarrarnos ansiosamente a nada nos permite sentir con más plenitud. La ecuanimidad tampoco tiene que ver con la pasividad. Tomamos las decisiones y emprendemos las acciones necesarias para mejorar nuestra vida. Y mientras lo hacemos podemos ser ecuánimes con nuestra experiencia interior en el presente.

Lo más importante de la ecuanimidad es que nos permite disminuir el sufrimiento. Podemos explicarlo con un ejemplo. Cuando estamos meditando y nos empieza a doler un poco la rodilla, el proceso interior que seguimos habitualmente es el siguiente: alteramos la respiración, tensamos algunos grupos musculares y empezamos a hacer comentarios mentales negativos de rechazo de la experiencia dolorosa. Esto ocurre casi automáticamente, estamos condicionados así y no nos planteamos si puede haber otro camino. El caso es que sí hay otro camino. Si aprendemos a mantenernos ecuánimes con la experiencia dolorosa, esto es, si mantenemos la respiración serena, no tensamos los músculos y no hacemos ningún comentario mental negativo, la sensibilidad dolorosa continua igual pero la experiencia de sufrimiento disminuye drásticamente. Si el sufrimiento fuera el área de un cuadrado, uno de los lados del cuadrado sería la sensibilidad dolorosa y el otro lado sería la resistencia a la experiencia dolorosa. Si tomamos un analgésico estamos disminuyendo el lado de la sensibilidad dolorosa, si practicamos la ecuanimidad estamos disminuyendo el lado de la resistencia. De las dos maneras reducimos el área del cuadrado del sufrimiento.

Hemos dicho que ser ecuánime es no resistir… ni tampoco agarrar. Y es que con el placer seguimos el mismo proceso aunque en este caso intentando retener. Tenemos una experiencia placentera y al intentar retenerla la matamos porque estamos obstruyendo el curso natural de la experiencia.
Tanto en el caso de intentar resistir lo que no nos gusta como en el de intentar retener lo que nos gusta, lo que estamos haciendo es impedir el fluir natural de la experiencia interior. La experiencia interior es un proceso de entrada y salida de sensaciones, igual que el proceso de la digestión o el de la respiración. El aire entra y sale, la comida entra y sale, siempre. ¿Os imagináis intentar resistir la entrada de aire en los pulmones o intentar impedir la salida del aire de los pulmones? Todo está fluyendo en ciclos y cuando somos ecuánimes permitimos estos ciclos naturales.
Cuando la ecuanimidad no aparece de forma natural podemos entrenarla progresivamente. Y la meditación es un espacio que nos permite hacerlo porque estamos bien quietos, bien atentos y bien despiertos a lo que está pasando en nuestra experiencia interior. Así aprendemos cómo meditar.

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